traumatología

Remedios de la epicondilitis

Epicondilitis es el término general usado para referirse a un síndrome doloroso que afecta el área del codo.

Debido a la alta incidencia en el tenis, la epicondilitis también se conoce como " codo de tenista ".

Consiste en la inflamación dolorosa de los tendones y / o músculos extensores del antebrazo en el epicóndilo lateral (cerca de la inserción). La definición patológica es tendinopatía de inserción de los músculos ásperos.

Es causada por una sobrecarga funcional, o el uso excesivo y continuo de la articulación. Hay una predisposición individual pero, siguiendo actitudes incorrectas, cualquiera podría enfermarse de epicondilitis.

Los deportes más involucrados son: tenis, pelota de base, golf, esgrima, bádminton, squash, jabalina o lanzamiento de discos, etc.

Los trabajos más interesados ​​son: fontanero, albañil, jardinero, carpintero, carnicero, cocinero, carpintero, sastre, pintor, etc.

Otras actividades afectadas son: jugar, jardinería (podar plantas) y así sucesivamente.

La epicondilitis se refiere principalmente a un grupo de edad entre 30 y 50 años.

Inicialmente sintomático solo durante el movimiento de los tendones inflamados, si es grave, la epicondilitis puede empeorar hasta que causa una imagen dolorosa incluso en reposo.

Que hacer

  • La prevención es siempre el medio más eficaz para reducir la posibilidad de lesiones (ver más abajo Prevención).
  • Reconocimiento del trastorno: cuando se trata de compromiso de los tendones, es absolutamente necesario intervenir con prontitud ya que son difíciles de curar. Los síntomas son:
    • Dolor leve pero que empeora en la parte externa del codo.
    • Hinchazón y dolor en reposo.
    • Debilidad en la fuerza de agarre manual.
    • Rigidez matutina.
    • Dificultad para alargar la muñeca.
  • Examen médico: el reconocimiento de los síntomas NO debe dirigirse al autocontrol, sino a comprender el alcance del trastorno. El diagnóstico lo realizará el ortopedista o, más raramente, el médico de atención primaria. Para confirmar el examen funcional sospechado (palpación, prueba de Cozen, prueba de Millis) y realizar un diagnóstico diferencial, el especialista prescribirá algunas investigaciones como:
    • Radiografía y ultrasonido: ofrecen una imagen (aunque de mala calidad) de los tendones inflamados.
    • Radiografía: para excluir la artrosis y la artritis en el codo o en cualquier calcificación del tendón.
    • Resonancia magnética cervical: para excluir la hernia discal.
    • Electromiografía (EMG): para excluir compresiones nerviosas.
  • Con un diagnóstico positivo, el ortopédico comenzará el tratamiento no quirúrgico (decisivo en 80-90% de los casos):
    • Descanso total durante varias semanas:
      • Inicialmente forzado por una férula o un yeso.
      • Posteriormente, depende de la voluntad del sujeto, que debe evitar cualquier solicitud innecesaria o no programada.
    • Terapia farmacológica antiinflamatoria.
    • Para jugadores de tenis: equipo deportivo adecuado (raqueta menos rígida, cuerdas menos estiradas, amortiguadores), etc.
    • Terapia de rehabilitación: extracción fisioterapéutica, sirve para fortalecer los músculos del antebrazo.
    • Tratamientos médicos: tecnológicos (ondas de choque, ultrasonido, tecar, etc.), crioterapia (si el compromiso afecta a la porción muscular) o terapia de calor (si el daño es exclusivamente a los tendones) según el caso.
    • Uso de guardianes: por ejemplo, coderas; Son paliativos pero pueden disminuir los síntomas.

NB : Si la epicondilitis afecta tanto a los músculos como a los tendones, entre los que tienen calor y la crioterapia es recomendable preferir la crioterapia.

  • Cuando sea necesario, recurra a la cirugía (ver en Tratamientos médicos).
  • En la epicondilitis crónica se complica, destruye (con ondas de uro) o elimina quirúrgicamente cualquier calcificación de los tendones.

Qué NO hacer

  • No adopte ninguna regla preventiva, especialmente si hay evidencia de una predisposición a la recurrencia.
  • Ignore los síntomas, especialmente en presencia de una historia clínica significativa.
  • No acuda a un médico e intente tratar la enfermedad tomando medicamentos antiinflamatorios de venta libre.
  • No realizar investigaciones diagnósticas por epicondilitis.
  • No realice pruebas de diagnóstico para excluir patologías que puedan originar síntomas similares a la epicondilitis.
  • Utilice, cargue o incluso sobrecargue el codo ya comprometido.
  • No utilice la terapia farmacológica antiinflamatoria prescrita.
  • En el momento de la recuperación, haga un uso temprano del equipo que pueda desencadenar el trastorno.
  • No siga la terapia de rehabilitación.
  • No aproveche los métodos tecnológicos de curación, si se recomienda.
  • Excluir a priori la ocurrencia de una intervención quirúrgica.
  • Si la epicondilitis continúa ocurriendo repetidamente, elimine la actividad responsable de los efectos agudos.

Que comer

No hay una dieta diseñada para prevenir y curar la epicondilitis mejor o más rápido.

Sin embargo, algunas medidas pueden ser útiles:

  • Aumentar la ingesta de moléculas antiinflamatorias:
    • Omega 3: son ácido eicosapentaenoico (EPA), ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido alfa linolénico (ALA). Ejercen un papel antiinflamatorio. Los dos primeros son biológicamente muy activos y se encuentran principalmente en: sardina, caballa, palamita, sábalo, arenque, aliterado, barriga de atún, pez aguja, algas, krill, etc. El tercero es menos activo pero es un precursor de EPA; Se encuentra principalmente en la fracción grasa de ciertos alimentos de origen vegetal o en los aceites de: soja, linaza, semillas de kiwi, semillas de uva, etc.
    • antioxidantes:
      • Vitaminas: las vitaminas antioxidantes son carotenoides (provitamina A), vitamina C y vitamina E. Los carotenoides se encuentran en los vegetales y en las frutas rojas o naranjas (albaricoques, pimientos, melones, melocotones, zanahorias, calabazas, tomates, etc.); También están presentes en los crustáceos y en la leche. La vitamina C es típica de las frutas ácidas y algunas verduras (limones, naranjas, mandarinas, pomelos, kiwis, pimientos, perejil, achicoria, lechuga, tomate, repollo, etc.). La vitamina E se puede encontrar en la porción lipídica de muchas semillas y aceites relacionados (germen de trigo, germen de maíz, sésamo, kiwi, semilla de uva, etc.).
      • Minerales: zinc y selenio. El primero está principalmente contenido en: hígado, carne, leche y derivados, algunos moluscos bivalvos (especialmente ostras). El segundo se encuentra principalmente en: carne, productos pesqueros, yema de huevo, leche y derivados, alimentos enriquecidos (papas, etc.).
      • Polifenoles: fenoles simples, flavonoides, taninos. Son muy ricos: verduras (cebolla, ajo, cítricos, cerezas, etc.), frutas y semillas (granada, uvas, bayas, etc.), vino, semillas oleaginosas, café, té, cacao, legumbres y granos integrales, etc.

Lo que NO comer

  • El único grupo de alimentos (o más bien bebidas) que no se recomiendan en caso de epicondilitis es el del alcohol. El alcohol etílico ejerce una acción diurética e interfiere con el metabolismo al alterar la eficacia de los ingredientes activos.
  • Además, le recordamos que un exceso de ácidos grasos omega 6 "podría" tener un efecto diametralmente opuesto en la ingesta de omega 3. Es una buena práctica limitar la introducción de alimentos ricos en ácido linoleico, gamma-linolénico, diomo-gamma-linolénico. y la araquidónica. Se encuentran principalmente en: aceite de semilla (especialmente los cacahuetes), la mayoría de las frutas secas, ciertas verduras, etc.

Curaciones naturales y remedios

  • Estiramiento: el estiramiento puede ser estático o dinámico, activo o pasivo. Para la epicondilitis tiene un papel preventivo pero también terapéutico en la fase crónica del tratamiento.
  • Masaje fisioterapéutico, manipulación osteopática, cyriax y manipulaciones miofasciales, miofibrólisis diacutánea (ver en Tratamientos médicos).
  • Ejercicios motores para el fortalecimiento: se utilizan tanto en terapia conservadora como en rehabilitación después de la cirugía.
  • Crioterapia: la terapia de frío es útil para reducir el dolor y la inflamación muscular. Debe realizarse 2 o 3 veces al día. El hielo no debe aplicarse directamente; por el contrario, debe insertarse en una bolsa contenedora con agua y aplicarse colocando un paño de lana para proteger la piel.
  • Compresas calientes: aumentan el flujo de sangre y pueden acelerar la recuperación de las lesiones de los tendones. No deben utilizarse en presencia de lesiones vasculares.
  • Guardianes, vendajes y vendajes: son herramientas que a veces son útiles para la reducción de los síntomas. Tienen la función de absorber choques y movimientos de acompañamiento. En la práctica deportiva no pueden ser muy apretados; por el contrario, durante el trabajo es posible apretarlos más vigorosamente, teniendo cuidado de no comprometer la circulación.

Cuidado farmacologico

  • Analgésicos: se utilizan para reducir el dolor. Se toman por vía oral.
    • Paracetamol: por ejemplo Tachipirina®, Efferalgan® y Panadol®.
  • Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE):
    • Sistémico para uso oral: son más utilizados que los tópicos, ya que las estructuras involucradas en la inflamación son difíciles de alcanzar con la aplicación de la piel. Son más potentes incluso si son genéricos que los ungüentos y geles. Pueden requerir el uso de un gastroprotector. Quienes padecen trastornos hepáticos o renales no siempre pueden tomarlos.
      • Ibuprofeno: por ejemplo, Brufen®, Moment®, Spidifen®, Nurofen®, Arfen®, Actigrip fever and pain® y Vicks fever and pain®).
      • Ketoprofeno: por ejemplo, Artrosilene®, Orudis®, Oki®, Fastum gel®, Flexen® Retard®® y Ketodol®.
      • Diclofenaco: por ejemplo, Dicloreum®, Deflamat®, Voltaren Emulgel® y Flector®.
      • Naproxeno: por ejemplo, Momendol®, Synflex® y Xenar®.
    • Para uso tópico: en su mayoría son ungüentos o geles. Tienen la ventaja de actuar localmente sin forzar el estómago y el hígado; Sin embargo son menos efectivos. Debe especificarse que no es la categoría farmacológica más adecuada e insistir en su uso (aunque en las primeras etapas) podría favorecer el empeoramiento de la inflamación.
      • Ibuprofeno 10% de sal de lisina o 2, 5% de ketoprofeno (por ejemplo, Dolorfast®, Lasonil®, Fastum gel®, etc.).
  • Los corticosteroides:
    • Inyectables por infiltración: se usan solo en caso de que los AINE orales no sean bien tolerados debido a: alergia, úlcera gástrica, diabetes, etc. Cuando se utilizan durante largos períodos de tiempo, tienen muchos efectos secundarios en los tejidos conectivos. Son la solución farmacológica más drástica, pero también la más efectiva:
      • Metilprednisolona: por ejemplo, Depo-Medrol® en asociación con lidocaína (un anestésico local).

prevención

  • Calentamiento: tiene la función de calentar los músculos y los tendones del codo, aumentando la elasticidad y funcionalidad de las estructuras involucradas.
  • En la aproximación a un nuevo deporte (tenis, béisbol, tenis de playa, etc.) es recomendable aumentar la intensidad del esfuerzo progresivamente.
  • Estiramiento y movilidad articular: son controvertidos y menos efectivos que otros distritos del cuerpo. Para ser practicado en reposo por una actividad intensa pero SIEMPRE CALIENTE, ejercen una importancia primordial en el aumento de la elasticidad y la capacidad de movimiento. Sin embargo, estudios recientes no han encontrado una correlación con la reducción de lesiones articulares.
  • En caso de un accidente preexistente, el uso del vendaje funcional o de los guardianes apropiados demostró ser bastante útil para reducir el riesgo de recurrencia.

Tratamientos medicos

  • Masaje fisioterapéutico, estiramiento pasivo y manipulaciones osteopáticas: las terapias manuales pueden mejorar la inflamación de la epicondilitis relajando los músculos contraídos (potencialmente responsables de la aparición de la epicondilitis y la dificultad para curarse).
  • Cyriax y manipulaciones miofasciales: eliminan la fibrosis que se puede formar durante el proceso de curación en los tejidos. Están especialmente indicados cuando la epicondilitis se asocia con deterioro de los músculos y los tendones.
  • Miofibrólisis diacutánea: también tiene como objetivo contrarrestar la fibrosis localizada en los puntos gatillo. Explota la acción mecánica ejercida por la presión manual de instrumentos llamados fibrolisores.
  • Ondas de choque: pueden acelerar la curación si el daño se debe a los tejidos blandos. Se basan en la liberación localizada de impulsos acústicos. El efecto es un aumento en la actividad metabólica del tejido objetivo y la ruptura de cualquier calcificación de tendón manifestada en las formas crónicas (más raro).
  • Terapia con láser: es un tratamiento que explota los rayos electromagnéticos directamente en el área afectada. El rayo de electrones láser actúa sobre la membrana celular y las mitocondrias, aumentando la actividad metabólica, reduciendo el dolor y la inflamación, creando vasodilatación y aumentando el drenaje linfático.
  • Terapia Tecar: método terapéutico que utiliza un condensador eléctrico para tratar las lesiones musculares de las articulaciones. El mecanismo de la terapia con tecar se basa en la restauración de la carga eléctrica en las células dañadas para que se regeneren más rápidamente.
  • Kinesio taping: explota la tracción de los vendajes adhesivos y elásticos que a veces contienen pequeñas concentraciones farmacológicas de antiinflamatorios. Deben tener una función drenante, ligeramente anti-dolor-inflamatoria y de guardián.
  • Cirugía: se usa solo después de 6 a 12 meses desde el inicio de terapias conservadoras fallidas. Casi siempre implica la extirpación de la parte enferma del músculo y la reinserción en el hueso. Se realiza principalmente al aire libre y, más raramente, en artroscopia.
    • Rehabilitación postquirúrgica: comienza después de unos 7 días. En la octava semana continuamos con la actualización y después de 6 meses será posible volver a las actividades sobrecargadas.